lunes, 16 de marzo de 2015

Humor en época de crisis



Ediciones La Urraca. Constituye una porción importante de la identidad de los argentinos no sólo por sus publicaciones, sino que aporta a la  memoria un período difícil de olvidar...

El humor comienza en los años más duros de la última dictadura militar

El Arte en Dictadura y Por Dictadura

Marta Minujín


"Cuando regresé a  Argentina me impresionó la rigidez de los militares, que relacioné con la rigidez de la sociedad, y del Obelisco. Por eso se me ocurrió que había que inclinarlo y después acostarlo!
Avenida Nueve de Julio y Avenida Santa Fe. Bs As Argentina.Concebida como un monumento a la democracia  y a la Educación por el Arte. El Partenón de libros constaba de una estructura metálica recubierta con libros prohibidos durante la dictadura militar. Realizada en homenaje a la cultura y a la democracia.

Canciones...silenciadas II




http://www.musica.com/letras.asp?letra=844940


Canciones...silenciadas I

He muerto muchas veces, acribillado en la ciudad, pero es mejor ser muerto que un número que viene y va...y en mi tumba tengo fumo y cosas que no me hacen mal...si pudiera odiarlos...acribillado en la ciudad...
"Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando...cantando al sol como la cigarra, después de un año bajo la tierra..."

Libros "Condenados"...

Libros Prohibidos en la Dictadura


El pueblo que no quería ser gris 
Beatriz Doumerc y Ayax Barnes
Había una vez un rey grande, en un país chiquito. En el país chiquito vivían hombres, mujeres y niños. Pero el rey nunca hablaba con ellos, solamente les ordenaba. Y como no hablaba con ellos, no sabía lo que querían; y si por casualidad los sabía, no le interesaba. El rey grande del país chiquito, ordenaba, solamente ordenaba: ordenaba esto, aquello y lo de más allá, que hablaran o que no hablaran, que hicieran así o que hicieran asá. Tantas órdenes dio, que un día no tuvo más cosas para ordenar. Entonces se encerró en su castillo y pensó, hasta que se decidió: “Ordenare que todos pinten sus casa de gris”. Y todos pintaron sus casas de gris. Todos menos uno; uno que estaba sentado mirando el cielo y vio pasar una paloma roja, azul y blanca. “¡OH, qué linda!, dijo maravillado, “pintaré mi casa de rojo, azul y blanco!”. Y la pintó nomás. Cuando el rey miró desde su torre y vio entre las casas grises una roja, azul y blanca, se cayó de espaldas una vez, pero enseguida se levantó y ordenó a sus guardias: — ¡Traigan inmediatamente a uno que pintó su casa de rojo, azul y blanco! Los guardias aprontaron sus ojos para verlo todo, sus orejas para oír y se marcharon. Pero mientras llegaban a la casa de “uno”, otro que viva en la casa vecina dijo: “Qué linda casa; yo también pintaré la mía así”. Y la pintó nomás. Entonces cuando los guardias llegaron, no supieron cuál era la casa de uno y cuál la casa de otro, así que regresaron al castillo y hablaron con el rey. — ¡No puede ser —dijo el rey, y miró desde la torre. Al ver lo que vio se cayó de espaldas dos veces, pero enseguida se levantó. Y ordenó a sus guardias: — Me traen a uno y a otro, ¡inmediatamente! Pero ya un tercero había visto las dos casas de rojo, azul y blanco y en un instante pintó la suya. Los guardias no tuvieron más remedio que regresar y preguntarle al rey: — ¿Qué hacemos, traemos a uno, a otro y a otro? Entonces el rey se cayó de espaldas tres veces, y los guardias tuvieron que ayudarlo a levantarse. — ¡Traen a los tres! —dijo en cuanto estuvo levantado. Pero cuando los guardias bajaron, no había tres casas pintadas. Había 333.333. —Bueno— dijeron los guardias cuando terminaron de contarlas. —Se lo diremos al rey. Y el rey se cayó de espaldas una vez, dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro y ciento veintiocho veces. Mientras se caía y lo levantaban, el rey ordenaba. — ¡Que me traigan todo lo que sea rojo, azul y blanco! Los guardias bajaron ligerito. En la ciudad había 333.333 casas rojas, azules y blancas, y las aceras eran rojas, azules y blancas, y los perros metían las colas en los tachos de pintura y luego se sacudían al lado de los árboles, los jinetes con sus ropas recién pintadas subían a los caballos y los caballos al galopar dejaban los caminos pintados; y las palomas mojaban sus patitas en los charcos de pintura que brillaban al sol, luego volaban a los palomares, y los palomeros pintaban las alas de las palomas así que cuando estas volaban por el cielo parecían barriles de colores: y todos las miraban y se sentían muy contentos. Todo era rojo, azul y blanco. Todo menos el rey, sus guardias y el castillo. — ¡Todo aquel que sea rojo, azul y banco debe marchar inmediatamente al castillo! ¡El rey lo ordena! —dijeron los guardias. Y todos hombres, mujeres, niños, ancianos, caballos, perros y pájaros, gatos y palomas, todos los que podían marchar, llegaron al castillo. Eran tantos, tantos, y estaban tan entusiasmados, que al momento el castillo, las murallas, los fosos, los estandartes, las banderas, quedaron de color rojo azul y blanco. Y los guardias también. Entonces el rey se cayó de espaldas una sola vez, pero tan fuerte que no se levantó más. El rey de la comarca vecina, al mirar desde lo alto de su torre dijo: —Algo ha sucedido, el rey del país chiquito ha cambiado el color de sus estandartes, enviaré a mis emisarios para que averigüen lo que ha sucedido. — ¿Qué ha sucedido?, ¿qué ha sucedido? —preguntaron los emisarios, cuando estuvieron en presencia del rey. Pero el rey grande del país chiquito estaba tan caído, que ni siquiera podía contestar. Entonces “uno” dijo: —Resulta que yo estaba en la puerta de mi casa, tomando el fresco, mirando el cielo, y vi. Pasar una paloma roja, azul y blanca, y entonces... y siguió contando todo lo que había sucedido. —Pondremos sobre aviso a nuestro rey –dijeron los emisarios del país vecino, no vaya a ser que le pase lo mismo. Y marcharon al galope. Claro que los caballos llevaban ya sus patas pintadas, y mientras galopaban, pintaban los caminos de rojo, azul y blanco... Pero fueron las palomas, las que primero llegaron a la comarca del rey vecino. Y uno que esta sentado en la puerta de su casa tomando el fresco, las vio y dijo: — ¡OH, qué lindo!, pintaré mi casa de rojo, azul y blanco. Y la pintó nomás y... como pueden ustedes imaginar este cuento que acá termina por otro lado vuelve a empezar.

Recuperemos el sentido de las palabras...

En nuestro país estas palabras tienen que ver con nuestra historia, son nuestro pasado...y nunca podrán separarse del presente, como sombras nos irán acompañando en nuestro recuerdo, haciendo memoria...
Y no sólo las palabras...también espacios en los que se vivió el horror...



Centros clandestinos de detención. Santa Fe


Ex - Batallón 121 de Rosario. Sitio de memoria del terrorismo de Estado

Ex Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe

Ex sede de la Policía Federal Argentina en la ciudad de Santa Fe, que funcionó en un edificio que hoy pertenece al Ministerio de Salud de la provincia, ubicado en 1º de Mayo 2064. Participarán del acto el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Juan Lewis; el titular de la cartera de Salud, Mario Drisun, el secretario de Derechos Humanos, Horacio Coutaz, y organismos de Derechos Humanos.


“Quinta La Calamita”, en la zona rural de la ciudad de Granadero Baigorria, uno de los cinco centros clandestinos del circuito represivo del Batallón de Inteligencia 121 de RosarioQuinta de Funes, donde funcionó un Centro Clandestino de Detención (CCD) dentro del plan sistemático de terror y exterminio ejecutado por la dictadura cívico-militar entre 1976 y 1983.